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La crisis social de estos días y el miedo al sufrimiento

Como hablábamos la semana pasada, en estos últimos días estamos viviendo en nuestra sociedad momentos de mucha incertidumbre, debidos a la inestabilidad política y social en nuestro país.
De hecho, en la vida siempre suelen sucederse ciclos de tranquilidad y normalidad, con ciclos de incertidumbre y cambio.

Por ello, he pensado que es buena idea dedicar un post al miedo al sufrimiento.

Todos sabemos que hay tiempos mejores y tiempos más complicados. Pero muchas veces, el sólo hecho de imaginarnos un futuro difícil nos sumerge en angustias variadas, sentimientos de inseguridad, amenaza, incertidumbre, etc. Esto nos sucede incluso si aún no ha ocurrido nada malo, es decir, con la mera anticipación del sufrimiento.

Un paréntesis. En Psicología, anticipación significa imaginarse algo malo que aún no ha pasado y se considera un síntoma de ansiedad o una expresión de una gran angustia interna, apareciendo a veces a modo de pensamiento intrusivo, es decir, un pensamiento sentido como involuntario y repentino. La anticipación también complica bastante la vida a los que la sufren, puesto que no sólo se sufre cuando hay algún acontecimiento doloroso, sino también todas las veces que uno se lo ha imaginado antes, además de que produce mucho desgaste.

Hoy voy a hablar sobre tres creencias que componen el miedo al sufrimiento:
1. “La vida debe ser estática”.
2. “El objetivo de mi vida es ser feliz”.
3. “Ante el sufrimiento quedaré indefenso”.

Paso a explorar cada uno de estos componentes.

Primero, “la vida debe ser estática”:
En un interesante libro (aún estoy acabando de leerlo) llamado “Encuentros con Monroe” de Kingsley L. Dennis, leí que las personas tenemos tantos miedos porque nos apoyamos continuamente en una creencia irracional e inconsciente de que las cosas son estables, que no cambian. Y esto nos genera mucho sufrimiento porque, sin darnos cuenta, esperamos que todo permanezca estable o inmutable; cuando en realidad, el universo, la sociedad, la materia, la mente… continuamente están experimentando transformaciones.

Segundo, “el objetivo de mi vida es ser feliz”:
Esta segunda creencia irracional por la que nos guiamos y que puede llegar a producir mucho malestar es, como señala Odin Dupeyron en sus charlas de Youtube, que tenemos que estar siempre felices. Nos cuenta Dupeyron que esta premisa no nos ayuda en absoluto, sino que nos dificulta enormemente la existencia, pues hace que los seres humanos estemos en una búsqueda obsesiva de la “Felicidad” y que nos angustiemos profundamente cuando no nos sentimos “felices”.

Según escribo este post pienso que más nos valdría suprimir la palabra “Felicidad” de nuestro repertorio, porque es una de esas cosas que no se pueden nombrar y sentir al mismo tiempo. Si nombras la felicidad, ésta se aleja, porque nos instala en un ideal que termina tiranizándonos.

Yo no creo que el estado de ánimo básico de las personas sea el de estar “feliz”. De hecho, el término “dukkha”, perteneciente a la filosofía budista, hace referencia a una angustia básica inherente a la condición humana. Con este término los budistas se dieron cuenta de que los seres humanos estamos inevitablemente ligados a una sensación de angustia. (Lo explica Kabat-Zinn en “La Práctica de la Atención Plena”).

Manejaremos mucho mejor el sufrimiento si asumimos el hecho de que nuestro objetivo no es estar siempre alegres o felices. Necesitamos, pienso, un objetivo más dinámico: el de estar involucrados (implicados en los asuntos importantes de nuestra vida), el de estar espontáneos (poder fluir con las cosas sin que la mente nos coarte) y el de estar conectados (con nosotros mismos y con los demás). Como veis, estos valores no están ligados a sentirse alegre o triste, sino que aluden a la consciencia, a la seguridad emocional y al desarrollo personal.

Tercero, “ante el sufrimiento quedaré indefenso”:
Uno de los motivos de que tengamos miedo al sufrimiento es que en algún momento ha arraigado dentro de nosotros la creencia de que el sufrimiento significa quedar indefenso frente al dolor, comerse el golpe y callar. Así, cuando tememos el sufrimiento, tememos la indefensión, y la indefensión no sólo es sentida como quedarnos sin recursos para evitar un daño. Va más allá. Se trata de sentir que tendremos que experimentar ese daño de forma pasiva, es decir, sin poder hacer nada con ello.

Sin pretender que esto sea un consuelo mágico, creo que sería bueno transformar nuestra comprensión del sufrimiento, no como un dolor que experimentar desde la pasividad, sino como un dolor con el que podemos hacer algo. El sufrimiento es sufrir y hacer algo con ello.

Pero ¿qué podemos hacer con algo doloroso que nos ocurre?
Para empezar, integrarlo en nuestra vida. No apartarlo, no esconderlo, no encapsularlo en la mente, no sacarlo del relato de nuestra historia. Y además, hay otras posibilidades muy valiosas. Por ejemplo digerirlo; o aprender; o aprovecharlo para que nos una más a las personas que queremos; o saber más de uno mismo; o sentirse más fuerte; o plasmarlo en un lienzo, o en una canción, o en unas páginas; o utilizarlo para comprender mejor a los demás; o ayudar posteriormente a otro que pase por ese mismo lugar.

Feliz jueves y ¡hasta la semana que viene!

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Estoy apátic@

La apatía consiste en sentir falta de ilusión, ganas o energía para realizar tanto actividades cotidianas u obligaciones como actividades lúdicas o de diversión. Puede sentirse como una especie de aburrimiento en el que uno se instala, porque no tiene motivación para intentar salir de esta posición. Este estado interno, como cualquier otro, puede responder a muchas causas, tanto internas como externas, tanto físicas como mentales.

La apatía también se puede sentir como una falta de emociones fuertes o una cierta sensación de vacío. Cuando estamos apáticos, solemos notar una pérdida de iniciativa o interés por las actividades que conforman nuestra vida, además de disminuir la respuesta afectiva ante acontecimientos positivos o negativos, como si nos diera igual.

Una cuestión que deberemos preguntarnos si nos sentimos apáticos es cuánto tiempo llevamos así, ya que una persona que está apática durante cuatro o cinco días seguramente podrá resolverlo tomando alguna decisión vital o relativa a sus rutinas, por ejemplo, o tal vel sencillamente necesite darse permiso para estar una semana funcionando a bajo gas. Sin embargo, si alguien lleva experimentando este sentimiento durante varias semanas, meses o años (y no se trata de un duelo reciente), entonces el problema es bien diferente, puesto que probablemente exista un problema del estado de ánimo o incluso un estado depresivo (la depresión no es ninguna tontería, porque, además de ser una experiencia dolorosísima para el ser humano, es como todos los síntomas: si no se la trata, crece y puede llegar a hacerse incontrolable incluso con farmacología, por no hablar del riesgo que supone para la vida y la salud de la persona). Veamos causas que he encontrado en mi consulta para este problema:

– Una autoestima insuficiente y / o timidez severa.
– Insatisfacción con diversas áreas de la vida: trabajo, pareja, hijos, etcétera.
– Forma de ser que prioriza las necesidades ajenas, y que vive pendiente del otro, resultándole difícil atenderse a sí mism@ o mirar por sí mism@. En Psicología se suele llamar a esto personalidad pasiva. Suele estar unido a una dificultad para poner límites. Se da más en mujeres, pero también puede darse en hombres.
– Haber pasado un duelo difícil hace algún tiempo, que puede no haberse asimilado o elaborado completamente. Un duelo no sólo puede ser una muerte, sino una ruptura, divorcio propio o parental en la infancia, emigración, enfermedad, etc. No tiene que ser necesariamente reciente, es decir, la pérdida pudo producirse hace muchos años.
– Tener complejos físicos intensos.
– Tener un estilo de vida agotador.
– Estar viviendo algún proceso de enfermedad o dolor.
– Tener una gran dificultad para la toma de decisiones propias.
– La ausencia de ejercicio físico en el estilo de vida.
– Un autoexigencia excesiva, que impulsa a alguien a tratar de hacer todo con ansia de perfección o completud absolutas, siguiendo unos ideales que tiranizan a la persona (puede ser
una autoexigencia consciente o inconsciente).

Esta lista no pretende ser exhaustiva, y una persona puede cumplir varios puntos o incluso todos a la vez. Todos ellos pueden darse en una persona de forma más consciente o más inconsciente, es decir, que uno puede no darse cuenta de hasta qué punto ese aspecto le está influyendo en su forma de vivir.

Es muy conveniente tratar con Psicoterapia estos problemas emocionales, que además pueden tener una respuesta bastante buena al tratamiento (dependiendo por supuesto del caso), puesto que la expresión emocional, la experiencia de vínculo en terapia y la reflexión y elaboración de distintas cosas de la historia personal potencian mucho los recursos del paciente: la autoestima, la capacidad de conocer y entender sus estados internos, de no juzgarlos, la capacidad de regulación emocional ante emociones desbordantes o estresantes, los recursos para relacionarse con los demás de manera saludable y plena, la elaboración de memorias traumáticas o micro-traumáticas de su historia que estaban activando comportamientos y sentimientos automáticos no deseados… y un largo etcétera de beneficios.

No obstante es bueno recordar que en la vida no todo el tiempo hay que estar experimentando emociones fuertes. Tal vez en esta sociedad se hace mucha publicidad encaminada a estar siempre feliz, a sentir plenitud, a vivir la vida al límite, a experimentar las relaciones sociales de forma intensa, a vivir aventuras, etc. Otro día hablaremos de esto.

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